Richard Rohr – Partiendo hacia la Tierra Prometida

El padre Richard Rohr describe cómo la historia del Éxodo modela una confianza creciente en Dios a través de tiempos de incertidumbre:
El viaje del Éxodo, el camino que recorrió el antiguo Israel, es una imagen del recorrido que hace toda persona que se propone buscar la Presencia Divina. En la Biblia, Israel es la humanidad personificada, y así lo que le sucede a Israel es lo que le sucede a quien emprende un camino de fe. El cristianismo debe reconocerse como una religión inclusiva desde sus inicios y honrar sus raíces en el judaísmo.
En el libro del Éxodo, Egipto es el lugar de la esclavitud y la Tierra Prometida es el lugar de la libertad. El viaje de Egipto a la Tierra Prometida -a través del Mar Rojo hasta el Sinaí y por el desierto- es una saga que simboliza nuestra propia lucha hacia una libertad interior cada vez mayor, fortalecida por la gracia. La historia de Israel describe simbólicamente la experiencia de nuestra propia liberación por parte de Dios- y hacia un amor universal.
Hasta que no veamos el Éxodo como una historia simbólica de verdad espiritual, gran parte de él nos parece distante e irreal. Los acontecimientos o bien resultan totalmente increíbles, o debemos creer que las cosas eran diferentes entonces: Dios obró maravillas para los israelitas, pero ya no actúa así.
La realidad, sin embargo, es que Dios no ha cambiado; son las personas las que han cambiado. Los israelitas vieron a Yahvé actuando en sus vidas. Su percepción fue realmente producto de la retrospectiva: reflexionaron sobre su experiencia y la interpretaron de una manera nueva. Nosotros tenemos esa misma oportunidad. Cuando la retrospectiva se convierte en previsión -cuando se transforma en una esperanza y expectativa de que Dios todavía cuida y todavía actúa en nuestro favor- llamamos a eso la visión de la fe.
Las historias del Éxodo sólo tienen sentido interior para nosotros cuando nosotros mismos caminamos un camino de fe. Si escuchamos al Espíritu, podemos relacionar bastante fácilmente esas historias con nuestra propia vida.
Tenemos que volvernos hacia Dios y permitir que nos guíe en este camino de fe. Tenemos que estar dispuestos a experimentar el Éxodo en nuestras propias vidas y a entrar en nuestras propias jornadas por el desierto. Debemos dejar que Dios nos libere de la cautividad hacia la libertad, de Egipto a Canaán, sin saber totalmente cómo cruzar el desierto que hay entre ambos.
El profeta Moisés arriesga la fe. Todo lo que Dios le da es una promesa y, sin embargo, él actúa sobre esa promesa. Las personas de fe esperan que se cumplan las promesas de su alma más profunda; para ellas, la vida se convierte en un tiempo entre promesa y cumplimiento. Nunca es una línea recta, sino siempre tres pasos hacia adelante y dos hacia atrás- y lo retroceder crea gran parte del conocimiento e impulso para avanzar.
¿Podemos confiar, como los israelitas, en que el camino hacia la Tierra Prometida pasa por el desierto? Cuando menos lo esperamos, aparece un oasis. Como prometen las Escrituras, Dios hará florecer el desierto (Isaías 35:1).
Richard Rohr
Traducido por WCCM España